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Adictos al misterio

 

No puedo, no podré, ni querré olvidar jamás a Josefa Losada “Casandra”, una muy prestigiosa vidente que hace más de 10 años me introdujo en el Tarot y otras mancias; incluso realicé mi primera sesión de oui-ja de su mano. Todos los jueves nos reuníamos, y sus consejos y apoyo la convirtieron en una especie de maestra esotérica para mí.

Inteligente, generosa, lúcida y, sobre todo, gran esoterista, su fama la precedía dentro y fuera de Galicia. No negaré que guardo de ella el recuerdo más entrañable y mi más profundo agradecimiento por aquellas veladas didácticas y las más interesantes y reconfortantes horas de tertulia. Aunque, más que tertulias, debería decir lecciones de ocultismo en las que ella asumía el papel de profesora.

Un jueves, durante nuestra cita semanal, Casandra describió una experiencia personal. Una noche de aquella semana se había despertado de madrugada con la necesidad irrefrenable de escribir. Según nos describía, su brazo parecía autónomo. Como sonámbula, se había sentado ante un papel blanco y su mano había empezado a garabatear extraños mensajes y dibujos.
Recuerdo que una de las frases inteligibles parecía decir “muero por amor”. Se mencionaba una superficie de agua, una especie de nombre indescifrable, etc. En la misma página, aparecía el dibujo de un rostro masculino, calvo y con aspecto de hombre maduro.

Mi irrefrenable afán por archivarlo absolutamente todo me llevó a pedirle el insólito manuscrito. Sería interesante -pensé- realizar un peritaje caligráfico, e incluso un análisis grafológico de aquella letra. Casandra accedió y yo me llevé la psicografía. Algunos dias después me llamó, visiblemente emocionada. Sin poder contener los sollozos dijo que, si aún la conservaba, le devolviese la psicografía. Ya había descubierto el significado de la misma.

Al parecer, por aquella fechas, había acudido a la consulta una mujer desesperada. Enamorada de un hombre casado, se había fugado con él, pero la esposa de su amante había amenazado con denunciarle y le chantajeaba con la prohibición de ver a sus hijos. Ahora, ese hombre había desaparecido. El día en que Casandra me llamó, se había encontrado su cadáver. Era un hombre maduro, calvo y muy parecido al retrato psicográfico. Médico de profesión, se había suicidado por amor con una droga similar al nombre citado en el “mensaje”, cerca de un riachuelo existente a las afueras de Santiago…

No entraré a enjuiciar el origen de aquel texto. Lo importante fué la fuerte impresión emocional que dicha experiencia causó en la vidente. Desde aquel día, Casandra se convirtió en una autentica “adicta” a la psicografía. Pocos jueves más tarde, mi “maestra” me mostró una carpeta repleta de hojas psicografiadas.

En 1985, el procesó pasó, como tantas otras veces, de la psicografía a la oui-ja y, por fin, a la mediumnidad telepática. En poco tiempo había sufrido un cambio de personalidad brutal que la llevó, al divorcio primero, y a perder la tutela de sus dos hijos después. Luego vinieron los tratamientos psicológicos y psiquiátricos, siendo internada en varias ocasiones. Llegó un momento en que su “adicción” se convirtió en irrefrenable, y una sesión seguía a otra y a otra. La autodestrucción psicológica de mi querida Casandra se convirtió en pozo sin fondo. Hace poco tiempo se precipitó por la ventana de su domicilio, falleciendo en el acto.

Por desgracia, el caso de Casandra no es único. Al contrario. Y el papel de impotente testigo que me tocó vivir en esta historia ha sido uno de los causantes de mi insistencia por advertir hasta la saciedad de los intrínsecos riesgos que conllevan las prácticas paranormales.

Los trastornos de la personalidad, la representaciones obsesivas, y varios tipos de neurosis son algunos de los riesgos potenciales que pueden generar las prácticas esotéricas. Pero esos riesgos empiezan por la economía y libre albedrío del adicto.

La “mancio-dependendia”
¿Cuántos miles de personas consultan a diario su horóscopo en la prensa? ¿Cuántos de ellos son condicionados por esos pronósticos gratuitos a la hora de tomar sus decisiones?

Existen individuos incapaces de tomar una determinación profesional, personal o emocional sin consultar antes a su astrólogo, vidente o mántico habitual. A fuerza de delegar sus decisiones en un profesional esotérico, estas personas alimentan una adicción a la adivinación que termina por convertirlos en autenticos “mántico-dependientes”.

Clara Tahoces es una consumada experta en la práctica y el estudio de las mancias. Con muchos años de consulta en su haber, es además una meticulosa investigadora que en 1991 inició el Proyecto Manteia. Este proyecto fue el primer intento de realizar un estudio sobre las técnicas de adivinación, los mánticos y el mundo de la videncia profesional. Uno de los puntos que Tahoces tocó en su investigación fue el de los “mántico-dependientes”, trazando un perfil-tipo de los adictos a esta práctica.

– Con frecuencia plantean sus consultas como cuestiones de vida o muerte, llegando a presentarse en los gabinetes sin cita previa.
– Mayoritariamente son mujeres; amas de casa con mucho tiempo libre que no han de justificar.
– Las edades varían ostensiblemente, pero predominan las personas de entre 30 y 50 años.
– Son individuos de carácter extremadamente inseguro, y presentan graves alteraciones emocionales.
– Muchos adoptan una especie de rito, acudiendo a la consulta el mismo día de la semana, con la misma vestimenta, a igual hora, etc.
– Son muy supersticiosos, y achacan a causas esotéricas toda desventura o contrariedad en su vida.
– En el 99 % de los casos, la familia desconoce su actividad y adicción esotérica.
– De reacciones agresivas, no toleran ser contrariados.
– Acostumbran a manifestar problemas de comunicación en su entorno familiar, laboral, sentimental, etc.
– Se trata de sujetos extremadamente sugestionables.
– Consultan al mántico cualquier cosa, por insignificante que sea, intentando condicionar el pronóstico.
– Acostumbran consultar al vidente una media de, al menos, una vez por semana.

Con estas oportunas observaciones de Clara Tahoces, podemos trazar un perfil tipo del adicto a las mancias. Al igual que un ludópata, estos insistentes consultantes confían esperanzados en algún elemento exterior capaz de solucionar sus problemas. De la misma forma, ansían la emoción previa de la consulta; la emoción mantenida en la sala de espera, la cita concertada por teléfono, la espera del día de la consulta y, por fin, el encuentro con el mágico personaje que habrá de revelarles su destino inmediato…

Las características del “mántico-dependiente” antes descritas convierten a estas personas en presa fácil de los timadores esotéricos sin escrupulos. Es lógico. Partiendo de que los adictos realizan una media de una visita semanal, la suma de dinero invertida en el vidente es muy respetable. Teniendo en cuenta que una consulta de tarot, quiromancia o similares, cuesta unos 30 Euros, ello implica una inversión del orden de 120 Euros mensuales en adivinos. ¿Qué economía media resiste este ritmo?

Los videntes mínimamente éticos, y por desgracia no conozco más que un puñado de ellos, son los primeros en recomendar a los clientes demasiado insistentes que distancien sus consultas. En primer lugar, para dar tiempo a que los pronósticos se cumplan y, en segundo, para proteger al cliente de tan incómodas dependencias.

Sin embargo, y por desgracia, los adictos a las mancias representan una gran tentación para los profesionales del esoterismo. En más de una ocasión, mánticos españoles me han justificado su actuación diciendo que es el cliente quien pide a gritos un “tratamiento continuado”. Lo cual no sería reprochable, de no ser por los grandes desembolsos económicos que puede suponer para el consultante.

Además, y ésto es lo más grave, los adictos son los principales candidatos a todo tipo de estafas esotéricas como el “timo del trabajito”, “la limpieza del dinero”, etc.

En manos del contacto
Otra de las facetas más inquietantes de la adicciones esotéricas, tiene lugar en el campo del “contacto”. De la misma forma que existen “mantico-dependientes” incapaces de tomar decisiones sin consultar a su vidente personal, existen adictos a otro tipo de prácticas esotéricas como la psicografía, las psicofonías y otras formas de “contacto”. Lo importante en estos casos, en mi opinión, no es el origen del supuesto fenómeno, sino la repercusión emocional que provoca en el experimentador. Citaré nuevamente un ejemplo personal.

Entre 1983 y 1986, desarrollé una investigación sobre el fenómeno psicofónico (en su primera fase, en colaboración con el grupo de investigación paranormal FENIX) que incluía experiencias con distintos tipos de micrófonos, lugares de experimentación, medidas de aislamiento (micros de control remoto, cable coaxial, jaulas de Faraday), etc. Además de nuestras propias experiencias, también recogimos grabaciones efectuadas por otras personas. Una de esas grabaciones fue realizada en 1984, en un pueblo de Pontevedra.

En la cinta magnetofónica se había registrado con bastante claridad un sonido rítmico (toc, toc, toc…) que la experimentadora interpretaba como los cascos de un caballo sobre el pavimento. Según esta joven, apasionada por el ocultismo, la supuesta psicofonía era una especie de mensaje del más alla.

“Hace unos meses murió un vecino que todos los dias iba a trabajar en su finca, más abajo de Marín. Pasaba muy temprano por aquí, y yo recuerdo que ya de niña escuchaba desde mi cama a su caballo. El ruido que hacían los cascos del caballo era como éste. Yo creo que es el mismo…”

Cuando pudimos examinar el lugar donde se habia realizado la grabación, en la misma casa de la joven, el misterio quedó resuelto. La grabadora, un sencillo magnetofón con micrófono incorporado, se habia colocado sobre una gran mesa de madera que ocupaba casi toda la sala. Al otro extremo de la mesa, junto un gran jarron de Sargadelos, aún permanecía un imponente reloj de bronce. No fue complicado comprobar que el rítmico sonido de los “cascos del caballo fantasmal” se correspondía exactamente con el tic tac del reloj. La vibración del reloj se había desplazado a través de la madera de la mesa hasta la mismísima membrana del micrófono, registrándose en la cinta con toda claridad.

De poco sirvieron nuestras explicaciones. Esta joven continuó sus practicas psicofónicas interpretando de forma espírita cualquier sonido que captase su grabadora. ¡Esto no puede ser un reloj!, nos dijo en más de una ocasión referiéndose a otras grabaciones. Sería necesario explicar cada una de sus experiencias, que podrían obedecer a un sinfin de razones; residuos en la banda magnética, ondas herzianas que se introducen en la grabadora, sonidos ambientales, etc.

Y aún asi, esta joven, que encontraba en las psicofonías una emoción con la que sobrellevar la monotonía del secretariado de una clinica, continuaría interpretando de forma sobrenatural la siguiente experiencia. A pesar de que la mayor parte de sus grabaciones puedan responder a causas físicas convencionales, para ella suponen una prueba irrefutable de que existe un más allá. Y el periódico contacto con él, es una práctica absolutamente necesaria en su vida.

Esa “inocente” costumbre de realizar prácticas paranormales puede desembocar en desenlaces mucho más dramáticos que la malinterpretación de fenómenos fisicos explicables. De la mano del conocido experto en psicofonías Sinesio Darnell, recogía el siguiente caso :

-Ocurrió aqui, en Cataluña, -me explicaba Darnell- a un alumno mío. Había comenzado tiempo atrás a experimentar por su cuenta, intentando obsesivamente obtener psicofonías a todas horas; desafortunadamente, había obtenido resultados positivos.
-¿Por qué dices desafortunadamente? ¿No se supone que lo que un experimentador busca son precisamente resultados positivos?
-Una cosa es experimentar con un interés científico, y otra muy distinta “jugar obsesivamente a la parapsicología”, porque el que juega con fuego, termina por quemarse…
-¿Qué le ocurrió a ese amigo tuyo?
-Verás: con frecuencia, quienes investigamos las psicofonías hemos obtenido grabaciones amenazantes. “Vas a morir”, “¡Te mataré!”, y cosas similares. A este joven le tocó vivir esa experiencia. Si no estas acostumbrado, puede llegar a ser realmente desagradable. En su caso, una voz lúgubre lo amenazaba de muerte en una psicofonía, y fue tal el terror que le inspiró la grabación, que cayó en un proceso depresivo y autosugestivo que desembocó en un suicidio…

La maldita oui-ja
Si hay una práctica paranormal mayoritariamente extendida es la de la vasografía, la oui-ja, también conocida por el improcedente nombre de “el juego del vaso”.

Ya en tiempos de Pitágoras, allá por el 540 a.C, el célebre filósofo y pensador griego mantenía frecuentemente con sus discípulos sesiones en las cuales una “mesa mística”, un ingenioso artilugio montado sobre unas ruedecillas para facilitar su desplazamiento, se movía hacía unos u otros signos que el mismo Pitágoras y un aventajado discípulo llamado Filolao interpretaban como informaciones llegadas desde el “mundo oculto”.

Desde entonces y hasta hoy, la oui-ja y todos los sistemas similares de consulta con supuestas entidades del “más allá” ha evolucionado mucho. En la actualidad, la oui-ja, cuyo nombre proviene del francés, oui=sí, y del alemán, ja=sí, ofrece distintas presentaciones.

Desde la primera patente en 1892 de la oui-ja diseñada por William Fuld (aunque un año antes ya existía un diseño de Elijah Bond), se han desarrollado diversas variantes del peligroso “juego”.

Básicamente, las letras del alfabeto extendidas en círculo sobre una mesa, y un vaso que se desplace con facilidad, configuran los elementos esenciales para ejercer la vasografía u oui-ja. Sin embargo el “sistema europeo” se diferencia del “americano” en la disposición de las letras, que pueden colocarse en dos filas paralelas (lo que facilita las sesiones individuales), empleándose en lugar de un vaso, una planchette o master que puede ser utilizado por un solo participante. A partir de allí, se desarrollaron multitud de variantes que van, desde la utilización de una plachette en un rail fijo -frente al que se ha colocado todo el alfabeto en serie- hasta la sofisticada oui-ja. A electrónica.

A lo largo de su historia, la oui-ja ha llegado varias veces hasta los tribunales de justicia, como ocurrió en EE UU cuando la Baltimore Talking Board Company comercializó el tablero, pretendiendo con ello evadir los impuestos de todo “juego infantil”. Al final, el abogado de la Baltimore, junto al letrado Washington Bowie, perdieron el pleito debido a la sentencia del juez Knapp. Este, siguiendo las sugerencias de los psicólogos, conocedores de los automatismos musculares que mueven la oui-ja, concluyó que la empresa debía pagar al fisco como si fabricara cualquier otro juego.

Tiempo después, en España, a finales de los años 80, Gabriel Carrión llevó adelante una iniciativa para tratar de advertir sobre los riesgos inherentes de la comercialización en nuestro pais de la OUI-JA como juego infantil.

En este caso, la afamada compañía de juegos infantiles Borrás había comercializado el “inocente” juego La Güija, el misterio de lo desconocido. Según figuraba en la misma caja, no era recomendable dicho entretenimiento para niños menores de 36 meses, de lo que se presupone que cualquier niño mayor de tres años podía enfrentarse al “misterio de lo desconocido”, en solitario. Todavía hoy el Juego de la Guija se vende libremente en la sección infantil de muchos grandes almacenes y jugueterias.

La investigación de Carrión, que incluye la consulta a numerosos psicólogos y pediatras, es concluyente sobre los terribles riesgos de esta práctica en niños. Entre los profesionales consultados destaca el Gabinete Psicopedagógico de Salud Mental del Ayuntamiento de Elche, que redactó un informe advirtiendo contra los peligros potenciales de la oui-ja. Entre otras cosas decia:

“Los psicólogos aseguran que el juego (oui-ja) crea dependencia, una dependencia negativa para la salud mental del individuo. Le hace introducirse en un mundo fantástico en el que el único que actua es él mismo, pero que le hace crear entidades fantasmagóricas que provocan sensaciones no controlables por él”.

El mismo Carrión explicaba que: “Despues de varios años dando charlas en colegios e institutos, podemos afirmar que los niños, a partir de los 6 años, sienten especial atracción por el ‘espiritismo’, como también llaman a la OUI-JA. Cualquier niño de tercero o cuarto de EGB conoce el tema, o lo ha practicado personalmente”.

De hecho, cualquier investigador que haya estudiado mínimamente el problema, podria describir infinidad de casos. En 1989, por ejemplo, recogía en Cádiz un nuevo caso suficientemente representativo. Su protagonista fue un joven gaditano llamado Diego Delgado Hurtado, un adolescente absolutamente absorbido por sus continuas prácticas vasográficas. Casi a diario, el muchacho se enfrentaba, en solitario o en compañia de algún intimo amigo, a la impersonal copa de cristal situada en el tablero.

Lejos de buscar mensajes o informaciones de tipo trascendente, en la mayoria de las sesiones las preguntas de Diego, como las de otros muchos jóvenes, se referían a su futuro inmediato. ¿Aprobaré el examen de matemáticas? ¿Debo acudir al concierto del instituto?

Pero lo más grave no eran sus consultas al futuro, sino su absoluta incapacidad para tomar decisiones sin recurrir a la oui-ja. En cierta ocasión, por ejemplo, el joven inició tímidamente una relación sentimental con una chica de su instituto. Antes de decidirse a profundizar en tal relación, Diego indicó a la muchacha que debia obtener cierto consentimiento familiar para el noviazgo. Ella le invitó a que le presentase a ese familiar, pues sólo así podría juzgarla. A lo que Diego respondió que eso no era posible, ya que su tío (el familiar en cuestión) habia muerto tiempo atrás y solo se comunicaba con él a través de la oui-ja.

Este tipo de casos son mucho más habituales de lo que podemos imaginar, y especialmente preocupantes cuando los adictos son niños menores de 10 años que se encierran en los lavabos del colegio durante el recreo para hablar con Dios, los extraterrestres o los espíritus a través del “juego del vaso”.

Actualmente, los psicólogos, psiquiatras y parapsicólogos tienen bien claro que el movimiento del vaso se debe a los movimientos musculares inconscientes que se transmiten a través del dedo. Las experiencias con la oui-ja electrónica (conectada con electrodos a los dedos de los participantes) realizadas en el laboratorio de la Sociedad Española de Parapsicología son concluyentes.

Tanto es así que algunos neurofisiólogos, psiquiatras y psicólogos americanos utilizan el famoso tablero en casos de parálisis cerebral o autismo para comunicarse con el inconsciente del paciente a través de los automatismos musculares. Siempre, eso sí, bajo supervisión médica. Pero ¿qué ocurre cuando alguno de los participantes manifiesta sus traumas, miedos, deseos o neurosis a través de la oui-ja?

Personalmente, he participado en docenas de sesiones de oui-ja, pero recuerdo especialmente una celebrada el 28 de septiembre de 1991. Durante esa sesión, cuya grabación conservo en mi archivo, se manifestó una pretendida entidad denominada “Wolf” que, a través del tablero, nos invitaba de forma sibilina a “viajar a su mundo” desprendiéndonos del cuerpo físico. Si en lugar de observadores críticos, nosotros hubiésemos sido creyentes adictos a la vasografía, es más que probable que alguno de los participantes hubiera intentara suicidarse.

Las sectas esotéricas
No quisiera terminar esta reflexión sobre las adicciones esotéricas sin reclamar la atención del lector sobre otra faceta poco tratada de este problema: la dependencia emocional del maestro. En los últimos años, espoleados por los medios de comunicación, se ha producido un cambio en los argumentos de captación de las sectas. Si bien siempre han existido y existirán sectas religiosas, de un tiempo a esta parte los reclamos religiosos tradicionales -Jesucristo, la Virgen, la Vida Eterna, etc.- han comenzado a ser sustituidos, o al menos a compatibilizarse, con los mitos esotéricos; los OVNIs, la reencarnación, los espíritus…

En la actualidad, muchas de las sectas denunciadas, e incluso de las procesadas, son más esotéricas que religiosas. Grupos como Edelweis, Nueva Acrópolis, Hermandad Rama, etc, no prometen una redención religiosa, sino contactos con extraterrestres, poderes paranormales o conocimientos esotéricos.

En estos grupos la dependencia emocional del adepto hacia el líder es similar a la existente en cualquier otra secta, pero en esta ocasión la influencia en las creencias y percepción de la realidad del adepto son más peligrosas. En función de los mensajes y discursos transmitidos por el líder, la estructura mental y la percepción de la realidad por parte del devoto va cambiando. Su interpretación de los estímulos varía, encontrando significados ocultos y misteriosos a todos sus sueños, sincronicidades y experiencias en general.

Con argumentos como haberse conocido en otra vida o en una unión astral, su relación con guías extraterrestres crea nexos y dependencias emocionales indestructibles entre el sujeto y la secta. Lo peor es que, aún sin intencionalidad, el resultado de esa enseñanzas y adicciones puede ser lamentable cuando el sujeto supedita toda su vida a esas creencias. Recuerdo en este momento un caso que también me ocupó y preocupó y que supone un buen ejemplo.

En 1988, durante mi investigación de un grupo de contacto OVNI relacionado con Eugenio Siragusa, tuve la fortuna de conocer a Manuel P., un hombre cordial y de gran humanidad. Recuerdo que el día en que conocí a mi tocayo, éste se encotraba postrado en la cama, víctima de una gravísima enfermedad. Durante más de un año soportó -y con él, su familia- su enfermedad de forma heróica. Pese a la opinión de los médicos, Manuel no aceptaba ser intervenido quirúrgicamente, lo cual habría solucionado para siempre su dolencia.

Por las enseñanzas recibidas en un conocido grupo esotérico-religioso, estaba absolutamente convencido de que una operación que afectase a su glándula pineal, dañaría gravemente su cuerpo astral, lo que podria afectar irremediablemente a sus reencarnaciones futuras. Así pues, Manuel acudió a numerosos sanadores, acupuntores, homeópatas y, en definitiva, a toda alternativa que encajase con sus esquemas esotéricos.

Tras interminables meses de agonía durante los cuales todos pudimos contemplar su terrible deterioro físico, los médicos emitieron un ultimátum: o se operaba inmediatamente o moriría. Nada de extraterrestres, poderes magnéticos ni chackras energéticos: las alternativas eran quirófano o cementerio.

Afortunadamente, fue factible encontrar argumentos esotéricos compatibles con esa operación a vida o muerte, y ahora podemos disfrutar de su grata compañía. Pero no sería la primera vez que un adepto radical al esoterismo entrega su propia vida por culpa de sus creencias.

La Profesora Naina
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