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El fantasma del Parlamento Andaluz

 

Sevilla, Marzo de 2002, 3:30 h. de la madrugada. Hospital de las Cinco
Llagas: “¡Sacarme de aquí, por favor, sacarme de aquí! ¡Sacarme de aquí, por
Dios!”. Así finalizaba el último incidente registrado en el actual Parlamento de
Andalucía ubicado en el antiguo Palacio-Hospital de las Cinco Llagas en la
capital andaluza. Un miembro de la seguridad del recinto, al pasar en su ronda
por el patio 3, veía aterrado ante sí el paso parsimonioso de una monja etérea,
translúcida y espectral…

Un edificio con Historia
El Hospital de las Cinco Llagas o también llamado de la Sangre es un magnífico y
solemne edificio ubicado frente a la basílica de la Macarena. En su día fue,
junto con el Hospital Mayor de Milán de Filerete, uno de los hospitales más
grandes de Europa. Su construcción fue llevada a cabo por la familia Ribera con
diseño de los arquitectos Martín Gaínza y Hernán Ruiz en 1540, siendo recinto
sanitario hasta el año 1972. En el actual conjunto arquitectónico destaca el
salón de plenos parlamentario, de estilo manierista, siendo parte de la Iglesia
de la que gozaba el hospital. Desde 1992 el “desierto” Hospital de las Cinco
Llagas es usado para fines políticos.

Arquitectura misteriosa
El edificio del Parlamento Andaluz no sólo tiene este especial habitante y toda
su fenomenología análoga, en el mismo podemos encontrar muestras de una
arquitectura extraña, mistérica y cargada de significación sin aún hoy ser
explicada. A la espalda de la iglesia del edificio, hoy inaccesible debido a las
obras de reformas que se están llevando a cabo en ella, encontramos un extraño
rosetón circular con un cubo geométrico inscrito en el que resalta un aspa. Este
rosetón fue realizado en épocas pasadas, durante su construcción, por un grupo
de canteros gallegos desplazados a Sevilla… ¿Qué significa? ¿Por qué está
detrás de la iglesia a la misma altura que el altar mayor y donde ojos no
avisados no pueden verlo?

Unos piensan que se trata de una marca ,a modo exlibris de Hernán Ruiz, una
especie de compendio en clave esotérica del saber de los canterios medievales
constructores de catedrales o ,quizás, los canteros gallegos quisieron dejar
testimonio de otra religión más antigua que la cristiana… Algunos expertos que
han visto y estudiado el extraño rosetón piensan que pudiera tratarse de un
símbolo pre-masónico que hiciera referencia a las tres paternidades o
administradores del antiguo hospital. Los antiguos documentos manuscritos de
Hernán Ruiz en el siglo XVI los mantiene en estudio la Diputación… Otra
corriente de opinión al respecto piensa que a pesar de que el Renacimiento
supone la llegada de la racionalidad y la negación de la Edad Media, el
arquitecto y sus canteros gallegos eran depositarios de una sabiduría antigua y
dejaron su marca personal a la altura del corazón del altar mayor, “el altar
mayor es el centro de todo, el Corazón del Altísimo Maestro al que se accede a
través de tres escalones , equivalentes a los tres nacimientos sucesivos del
iniciado” y oculto a los ojos de los no iniciados. “En el centro de la rueda
está el cubo, aunque no se mueve es la causa del movimiento de la rueda. La
catedral, movimiento de piedra, está en el centro de las mutaciones”. El
cuadrado simboliza la tierra y el círculo el cielo. La cruz no debe entenderse
como instrumento de suplicio sino como centro de todo”. Las catedrales (en
nuestro caso una iglesia) no son fantasías estéticas erigidas para nuestro mero
placer visual. Los maestros de obras no conocían este tipo de nociones tan
valoradas por el arte moderno. Ellos construían templos para encarnar en la
piedra el misterio por naturaleza y ofrecer a los peregrinos una posibilidad de
percibirlo”, era lo que opinaba Christian Jacq en su libro “El Misterio de las
Catedrales” y que tal vez está en la línea de significación que se trató de
expresar en la piedra del antiguo Hospital.

Comienzan los fenómenos
Pero no es sólo la residencia habitual de parlamentarios andaluces tan insigne
edificio, desde hace más de seis décadas –que se sepa- en el edificio mora el
fantasma de una monja que trata de purgar sus actos del pasado… no es la
primera vez ni la última que ha sido vista y claramente identificada por sus
hábitos, hay una ingente cantidad de testimonios pertenecientes a estos años
pasados y presentes quienes otorgan toda la credibilidad que sus testimonios
merecen: antiguos enfermos, personal sanitario, seguridad del edificio,
mantenimiento, personal de asistencia parlamentaria e incluso los mismos
políticos de esta región del Sur de España.

Durante años se he hablado de los fantasmas de la Sevilla más rancia, de la
Sevilla más cargada de Historia y con más Historia, de la Sevilla de los
Descubrimientos, de la Sevilla Catedralicia, de los fantasmas de su Barrio de
Santa Cruz, de la calle San Luis o de sus fantasmas cotidianos que se mezclan
con los más variados relatos y leyendas urbanas sevillanas… Pocos conocen al
fantasma de las Cinco Llagas, quizás por su austeridad, quizás por el silencio
que impone el marco del Parlamento Andaluz o tal vez por las reservas que tan
magno edificio y la actual actividad que desempeña rige la confidencialidad de
tales acontecimientos. Pero en tierra de María Santísima todo se sabe y el
fantasma del Parlamento hoy es actualidad.

Los sucesos registrados comienzan en el año 1968, en Junio de este año, Antonio
Rodríguez, un enfermo de 40 años que yacía postrado en una de las camas del
hospital vio claramente como ante si se formaba la imagen neblinosa de una monja
que comenzó a andar hacia el pasillo en busca de la puerta: “no se como
explicarte aquella visión, era tarde, el dolor en la pierna no me dejaba dormir
y estaba despierto, ante mi, justo delante de mi cama comenzó a “brillar” algo
que llamó mi atención, poco a poco se fue formando un cuerpo humano que lucía
hábito, era una monja trasparente que echó a andar pasillo abajo , resonando el
tintineo metálico de su llavero repleto de llaves, como si hiciera una ronda a
los enfermos…”.

Análogo a este relato está el de José Pérez, tenía 38 años y un accidente
laboral lo hizo ingresar en el hospital: “era tarde, no se, serían las doce
menos cuarto de la noche y sentí un frío repentino junto a mi, giré la cabeza y
allí estaba …era una monja pero no era normal… era un fantasma, parecía
comprobar el estado de mi compañero de cama que moriría al día siguiente, la
visión me dejó helado es hoy y se me ponen los pelos de punta… Acabó de hacer
lo que fuera y siguió su ronda por otras camas, lo veía claramente, es de esas
cosas que jamás se olvidan”. José estaba vivamente emocionado mientras nos
relataba su espectral vivencia personal.

Algunos años atrás, en 1965, Manuel Moreno fue testigo de una nueva aparición de
la monja del Hospital: “estaba en un pasillo fumando a escondidas ,ya que estaba
prohibido, cuando sentí frío e incluso el cigarro parecía apagarse, me extrañó
mucho pero cuando me giré ,tras de mi ,estaba la monja aparecida ante mi en
actitud como de desaprobación… me asusté mucho y salí de allí corriendo
buscando a la monja de guardia a la que le conté el suceso y que no acabó de
creerme si bien es cierto que dos días más tarde el capellán y la monja superior
vinieron a mi cama a que les contara el relato, recuerdo que me dijeron “¿ves
como no es bueno fumar?”…desde aquel día no fumo, aquella aparición la
recordaré mientras viva”. Con el vello erizado Manuel sigue su relato: “casi
tres semanas después mi compañero de cama, no recuerdo su nombre, me llamó
haciéndome señas e indicándome que mirara al frente, allí justo “atendiendo” a
otro compañero estaba la monja, casi trasparente y atareada con el pobre infeliz
que casi estaba desahuciado… aquella noche comprendí que no eran cosas mías y
que otros muchos enfermos habían visto al fantasma de la monja igual que yo y
que por miedo no habían hablando”.

La especial predilección de nuestro fantasma por los enfermos en peor estado
es sintomático de la caridad de la aparición…
El Hospital atravesó una etapa oscura en la que, debido a su cierre, el
silencio se apoderó de él, de sus muros y de su fantasma… o tal vez no. El
Hospital de las Cinco Llagas cerró sus puertas en 1972 y hasta finales de la
década de los 80, cuando se tomó la determinación de hacer del edificio la sede
del Parlamento Andaluz no se volvió a vivir actividad en el mismo. Durante estos
años también hubo fenómenos extraños en el edificio tal y como atestiguan varias
vecinas del lugar con domicilio en las vecinas calles de Don Fabrique y Doctor
Fedriani. Allá por el 1975 un vecino de estas calles, Antonio Muñoz, mientras
trataba de aliviar el fragor del verano sevillano asomado a la terraza de su
domicilio comprobó algo inédito, algo que jamás había visto: “No se, quizás
aquel verano fue especialmente caluroso en Sevilla, serían las diez y media u
once menos cuarto de la noche cuando me pareció ver a alguien en los pasillos
del hospital ,me extrañó ya que llevaba varios años cerrado y llamé a Paqui ,mi
mujer, para que viera aquello, cuando lo vimos pasar nuevamente por otra de las
ventanas del edificio Paqui me dijo que era una monja… Aquello era imposible,
sus vestimentas eran muy antiguas para el año que vivíamos y no tenía lógica, el
edificio estaba cerrado a cal y canto. Era muy blancuzca, casi brillante y la
verdad es que nos impactó bastante. Aquella monja no estaba en su lugar en el
tiempo…Al día siguiente pregunté si el hospital estaba en activo, aunque lo
dudaba, y la respuesta fue tajante, lo que había visto era imposible. Luego ya
nos enteramos del tema del fantasma del edificio y la verdad es que nos
asustamos muchísimo”.

Esperanza García es otra vecina del lugar y tuvo una experiencia similar allá
por el año 1980: “Eran las once y pico de la noche y estaba fregando los platos
de la cena, fue curioso por que mi ventana de la cocina da a una de las fachadas
laterales del hospital, entonces vi perfectamente a una señora con hábitos,
debían ser antiguos ya que no eran como los demás y que parecía estar haciendo
algo por las habitaciones de aquel ala, fue muy curioso ya que el edificio
estaba totalmente cerrado y las autoridades le echaban poca cuenta… Aquello no
era de este mundo desde luego, había que estar en mi pellejo para saber
instintivamente que aquello no era normal…” Así de rotunda manifiesta su
experiencia esta vecina del lugar.

La secuela y marca del edificio es innegable, por él pasaron multitud de
enfermos y moribundos que perdieron la vida entre sus muros. José Muñoz
comentaba al respecto: “historias de fantasmas siempre ha tenido el edificio, yo
trabajaba en el edificio desde los once años, allí entré de jardinero y aparte
de estar muy saturado allí lo que si sobraban eran enfermos , muertos y gente
que vendía su sangre por lo que le dieran… era una época de mucha hambre”.

Alfredo Muñoz recordaba: “había mucha saturación y mucha hambre, aullábamos de
hambre como los perros…”.

A lo largo de los años el edificio ha albergado a todo tipo de enfermos y
necesitados de atención médica, especialmente cruento fueron los últimos años de
la década de los 30, el hospital se pobló de heridos de la guerra. En 1936
–según comenta Domingo Fernández- llegaban soldados alemanes e italianos heridos
en la guerra…Morían una gran cantidad entre gritos y lamentaciones y era
aterrador escuchar los lamentos de dolor de estas personas cuya vida les
abandonaba.

Curiosamente y no hace demasiado tiempo, en el edificio, entraban a hurtadillas
chatarreros que trataban de aprovechar el estado de “abandono” del edificio para
arrancar hierros y chatarras que luego venderían al peso. L.G.G era uno de esos
“rapiñeadores” de la noche, un día de Noviembre de 1982 entró en el edificio:
“era tarde ya, había poca gente en la calle, hacía frío y ya sabes como es la
gente en Sevilla cuando el mal tiempo se echa encima… Andaba con una linterna
por allí cuando sentí un grito como de dolor, me asustó mucho y pensé que podía
tratarse de un “compañero” en apuros, me metí por unos pasillos y me comencé a
asustar, sentía lamentos y un olor a desinfectante de hospital tremendo,
entonces decidí marcharme de allí… Me gano la vida con una actividad en la que
no hay que tener miedo y no soy persona asustadiza pero aquello no era normal ni
de este mundo…” Nuestro testigo no volvió a pisar más el lugar.

En el edificio, mientras estuvo en activo, vivían como personal de mantenimiento
del mismo un electricista, un carpintero, un cristalero, el fogonero y el
capataz de la huerta. Manuel Fernández era hijo del fogonero, había nacido en el
mismo hospital y se había criado entre sus paredes, conocía cada centímetro del
edificio y por supuesto conocía al fantasma que allí moraba pero no temía al
espectro, había algo más aterrador en él que despertaba aún más su miedo: “de
noche escuchábamos los lamentos de las parturientas, a la hora de comer veíamos
pasar las camillas sin engrasar con los cadáveres para las autopsias…”.

Tan extraño como los llantos de un niño que muchas noches se escuchaba llorar en
las habitaciones amplias de los enfermos… lo curioso es que en aquellas
estancias no había niños y la zona maternal estaba muy lejos para poder ser oída
por los doloridos pacientes del hospital. “Era un llanto roto, desgarrador,
lastimero…te ponía los pelos de punta, si era una criatura debía de estar
pasándolo muy mal pero era imposible que estuviera en aquella ala, los enfermos
estábamos asustados e inquietos ya que se decía en la sala que era un llanto
fantasma de un bebe muerto en aquellas estancias hacía años lo cual no ayudaba
demasiado a calmarnos” recordaba Juan Ortiz. Otro compañero de estancia era Juan
Morales quien narraba: “una vez vinieron unas monjas que habían trabajado en el
hospital y dijeron escuchar el llanto que según ellas pertenecía a un niño al
que adoptaron con una enfermedad incurable…”. Lo más curioso es que ese mismo
llanto se oía en aquellos años, perduró en el tiempo y aún hoy no es difícil oír
el llanto de un bebé en la zona dedicada en su tiempo a la rehabilitación de
enfermos.

Comenzaron las obras de remodelación del edificio para habilitarlo con fines
políticos y los fenómenos tampoco abandonaron a los trabajadores que en el mismo
desarrollaron su labor. Carlos Ruiz era uno de esos trabajadores y nos contaba
lo siguiente: “en las tareas de acondicionamiento y remodelación de aquello
echamos una temporada larga y yo mismo y muchos de mis compañeros tuvimos
experiencias que nos hicieron creer en fantasmas y en apariciones. No era
extraño ver a un compañero blanco como la pared diciendo que había visto a una
monja paseando por la planta superior…al principio no lo tomábamos en cuenta
pero cada vez eran más los que decían ver cosas y sentir cosas y se llegó a un
punto en el que tuvimos que concederle la credibilidad que buenos amigos y
buenos trabajadores contaban”.

Este trabajador cambió su expresión y nos comentaba: “personalmente padecí
aquello en mis propias carnes, esto sólo lo conoce mi familia y algunos
trabajadores muy amigos que tuvieron también vivencias personales. Yo estaba en
el ala del patio 3 y sentí un fuerte olor a antiséptico ,la cosa me chocó ya que
no tenía objeto ese olor ,seguí mi trabajo sin concederle importancia cuando vi
pasar a un paso rapidito a una monja vestida de forma antigua por los pasillos
superiores, un frío me entró y me cortó el cuerpo, sabía que era imposible lo
que estaba viendo y más en una zona en obras, me quedé helado, traté de ver
donde se dirigía pensando posteriormente que podía tratarse de alguien, fue una
locura, no lo pensé bien, la monja había desaparecido, se había esfumado… sólo
podía oír gritos de dolor y el llanto de un niño… fue horrible. Entonces bajé
blanco y mis compañeros entendieron que algo debía de haberme pasado”.

Otros trabajadores tuvieron la misma visión y no era extraño sentir quejidos,
lamentos y llantos en el edificio. Uno de los encargados de la seguridad nos
comentaba: “aquí se habla del fantasma mucho, unos lo creen y otros no, desde
luego algo raro ocurre aquí, no sólo por el fantasma de la monja que muchos han
visto sino por los olores a éter que hay en zonas sin venir a cuento, o las
puertas que se abren y se cierran sin haber corriente ni nada que ocasione el
movimiento de las mismas o los quejidos y lamentaciones que muchos hemos oído,
llantos de crío y sacudidas de frío impresionantes, compañeros en estado de
shock tras ver algo que ellos identifican con una enfermera o monja y mucho
nerviosismo. Al principio te intranquilizas pero con el paso del tiempo te
acostumbras a vivir con ello… Los novatos no se creen esto hasta que lo viven.
En el Parlamento todos conocen la realidad de lo que pasa pero ya es parte de
nosotros, es como de la familia aunque el susto te lo llevas”.

Allá por el año 1995 saltó la noticia en Sevilla y el desaparecido “Diario 16 de
Andalucía” publicaba un artículo sobre el tema que firmaba Francisco Corral y se
hacía eco de todo ello y de los otros fantasmas del Parlamento… El político
andaluz de IU-CA Luis Carlos Rejón comentaba lacónicamente: “al fantasma lo
tenemos de asesor” no dudando de su existencia, al respecto el político del PSOE
José Ceballos manifestaba: “a mi me interesa la estética de esos temas, las
cosas románticas de Bécquer…cosas extrañas pasan todos los días”. Entre los
políticos con experiencias espectrales encontramos a José Antonio Marín Rite –
ex presidente del Parlamento y actualmente Diputado- y a Plácido Fernández
Viagas –letrado del Parlamento-, a este respecto manifestaba Guillermina
Perdigones –ujier-: “¿el fantasma de la monja que se le aparecía a Plácido? Sí,
pero conmigo no ha dado”. Sin dudas todos tienen muy presente que una presencia
muy especial convive con ellos en este recinto.

Los sucesos se siguen produciendo y destaca la negativa del grupo de seguridad a
efectuar sus rondas solos por determinadas estancias y pasillos del edificio:
“sencillamente no es seguro psicológicamente, mira en el edificio suceden cosas
demasiadas extrañas, se aparece una monja cuya realidad es innegable, las
puertas se cierran y se abren, se oyen cosas raras y de vez en cuando viene un
olor a desinfectante sanitario que es muy fuerte, cualquier compañero te puede
comentar esto mismo, no ganamos nada mintiendo sobre esto”. Otros compañeros
manifestaban: “hay zonas en las que cuando te toca debes de ir preparado para
todo… pero para todo, absolutamente para todo. No es raro hacer una ronda y
sentir como las puertas se cierran tras de ti o como te atraviesa una sensación
de frío tremendo o fuertes olores… otros compañeros han tenido experiencias
con la monja… es todo muy fuerte”.

Se van acumulando testimonios que contrastan todas las informaciones y son las
propias limpiadoras del edificio las que nos comentan: “normalmente vamos en
grupo, nos da miedo ir solas, trabajamos de noche y ya hemos tenido suficientes
sustos aquí como para seguir yendo solas… Aquí hemos vivido de todo, desde ver
a la monja hasta sentir quejidos y lamentos en las estancias que antiguamente
eran las habitaciones de los enfermos, desde luego aquí no sólo está el fantasma
de la monja, aquí debe de haber mucho más solamente por lo que se oye, debieron
de morir muchos aquí…”. Otras compañeras se manifiestan de la misma forma: “yo
he oído en varias ocasiones los gritos de los enfermos que antaño estuvieron
aquí y una sensación interior muy incómoda, ante eso sólo puedo coger mis cosas
y buscar la compañía de alguien, es aterrador…necesitamos sentirnos
acompañadas pero no por un fantasma”.

Carmen Cruz caminaba en las proximidades del edificio este pasado invierno del
2002 cuando le llamó la atención algo… “caminaba en dirección a la Resolana
por Don Fabrique cuando en una de las ventanas vi perfectamente a una monja que
miraba a través de la ventana, estaba muy pálida y tenía la mirada perdida en la
calle, lo extraño es que allí ya no hay monja…”.

Emilio López nos manifestaba: “no es extraño ver en alguna de las ventanas la
cara del fantasma, son muchos ya los que la han visto y se quedan helados ya que
no hay lugar a la confusión, es lo suficientemente claro y extraño para saber
que lo que estás viendo no es de este mundo… Yo aparcaba el coche, eran las
diez y media o cosa así y cuando bajé le eché la alarma y se me fue la vista
para arriba, para el edificio, y la verdad es que lo que vi me dejó helado, allá
estaba, era una monja con un hábito muy antiguo, muy blanca y muy mortecina,
casi duró unos segundos pero fue lo suficientemente intenso como para saber que
era el fantasma…”

Los relatos sobre el fantasma del magno edificio se amontonan pero no falta las
voces que atribuyen a todo una “leyenda urbana” creada por un albañil
contemporáneo y encargado de la primera obra el cual cuenta que todo se produjo
cuando al ver una mancha de humedad en una pared comentó jocosamente a sus
compañeros: “parece una monja…”. Sin duda contrasta con el testimonio de uno
de los vigilantes de la obra quién pidió el traslado ya que en uno de los patios
,el patio 3 qué está junto a la iglesia, sentía -en plena y solitaria noche-
como había una gran algarabía de voces infantiles, de niños jugando y
riéndose… El vigilante no sabía que pensar así que arrojó una piedra hacia la
iglesia y le respondió el ruido del choque de otra piedra, se agachó y cogiendo
dos guijarros comenzó a entrechocarlos y su sorpresa se tornó en miedo cuando
“algo” respondía con otros golpes a su “llamada”… Tras el incidente, en días
posteriores, acudieron al lugar algunos expertos en parapsicología venidos de
fuera de Sevilla quienes calificaron el fenómeno como: “provocado por espíritus
burlones”.

El último acto de nuestro fantasma se produjo cuando un miembro de seguridad a
las tres y media de la mañana se puso en contacto con la central de vigilancia
para pedir el relevo inmediato de su puesto. Víctima de un ataque de nervios
sólo pedía su sustitución… Hacía la ronda por el Patio 3 cuando ante sus ojos
pasó con firmeza el espectro de nuestro fantasma…. la reacción humana es
imprevisible y en esta ocasión el miedo afloró olvidando cualquier obligación
laboral. Al llegar al lugar otros miembros de la seguridad ya no había nada,
sólo un compañero sumido en un tremendo estado de nervios tras ser testigo del
caminar espectral de nuestra protagonista.

“Off de record” los parlamentarios andaluces hablan del fantasma en el
Parlamento: “muy pocos de nosotros creo yo que no ha oído hablar del fantasma,
lo ha sentido o incluso lo ha visto…, el fantasma es tan real como las
formaciones que se despellejan en este hemiciclo…”. Un parlamentario de una
conocida formación andaluza nos habla de otra monja de la Caridad apodada como
“Sor Ametralladora” que desempeñaba sus funciones en el Hospital allá por la
década de los 40: “dicen los antiguos del lugar que destacaba por su
inflexibilidad y mala uva… trataba a los pacientes mal y parecía estar siempre
a disgusto con todo . La historia de “Sor Ametralladora” finaliza cuando esta
muere, si bien es cierto que por esos años los fenómenos extraños ya se venían
sucediendo en el antiguo hospital teniendo como foco de actividad la zona de
quirófanos…”, a esta monja también se refería Alfredo Pérez cuando comentaba:
“ingresé en 1941 en el hospital de la Sangre, “Sor Ametralladora” me perseguía
todos los Domingos para que fuera a misa.

Enfrente de mi cama estaba un hombre al que consumía un cáncer de rodilla, un
zapatero de la calle Enladrillada que murió rabiando. Cada mañana la monja se le
acercaba y le decía: te tienes que confesar porque te vas a morir…”. La monja
era sobradamente conocida por todos los residentes en el hospital si bien es
cierto que: “allí pasaban cosas raras un día si y otro no, cuando no se
escuchaban ruidos raros se oían llantos de un bebé inexistente y cuando no, se
escuchaban alaridos y quejidos en zonas imposibles… aparte había compañeros
que habían visto al fantasma de la monja y “Sor Ametralladora” aún vivía… la
aparición de la monja llenaba de terror no sólo a los pacientes sino también a
los médicos, soldados o las monjitas del Hospital”, era lo que nos manifestaba
Curro Rodríguez, un encantador octogenario de lucidez mental fuera de toda duda
y con un recuerdo muy vivo de lo vivido en aquellos años entre los muros del hoy
Parlamento Andaluz.

“Andalucía 24 horas”, el diario “El Mundo de Andalucía” de la mano de José
Antonio Gómez Marín en tono irónico-político o “Canal Sur TV” en comentario de
la popular Rocío Martín se han hecho eco en distintas etapas del tiempo del
fantasma del Parlamento pero tal vez dejándose llevar irremediablemente por la
confusión que provoca el no saber separar la leyenda urbana de la realidad…

¿Quién es el fantasma del Hospital de las Cinco Llagas o Parlamento Andaluz?
La mayoría de los testigos que han podido ver o ser partícipes de los fenómenos
paranormales del Parlamento Andaluz hablan de un fantasma, una mujer vestida con
hábitos de monja pasados de moda, antiguos. ¿Hasta que punto es esto real?

Investigando profundamente la historia del edificio y merced a una ingente
cantidad de información recopilada durante meses y de la que disponemos sobre
éste tema podemos decir que el edificio desde la finalización de su construcción
fue gestionado por las monjas de la orden de la Caridad. El Hospital de las
Cinco Llagas o de la Sangre fue entregado y habitado por las monjas desde al año
1540. Allá por el siglo XVIII, sobre los años 1734 y 1738, se tiene constancia
histórica de la existencia de una monja de la orden de la caridad llamada
canónicamente Sor Úrsula que destacaba por su inflexibilidad y especial dureza
con los pacientes. La monja falleció víctima de una enfermedad contraída en el
propio hospital a mediados de ese mismo siglo y su muerte no fue, precisamente,
motivo de pena para los enfermos… Tras la muerte de esta hermana de la Caridad
se comenzó a manifestar el fantasma de una monja en el hospital y la crónica
espectral del edificio comienza a hacer su particular memoria histórica. La
vestimenta o hábito de las hermanas de la Caridad en el siglo XVIII se ajusta
como un guante a lo manifestado por los testigos que han visto al espectro en
época contemporánea y el óbito de la monja es algo constatado.

Los lugares preferidos por este espectro para vagar y manifestarse son los que
en siglos pasados eran las estancias de los enfermos siendo lugares
particularmente proclives a su manifestación la antigua sacristía para las
monjas, la escalera del coro, los largos pasillos de las estancias superiores,
el denominado como patio 3, la sala de enfermos, la sala de despachos
antiguamente habitada por Manuel Fernández o Jesús Mancha y las cuantiosas
ventanas con vista a Don Fabrique.

Plácido Fernández Viagas solía hablar del fantasma a las visitas del edificio y
no es extraño oír hablar a los miembros de los equipos de seguridad hacer
comentarios con extrema seriedad sobre sus experiencias en el edificio.

Restos humanos
En 1984 se iniciaron las obras de rehabilitación del edificio que se prologaron
hasta comienzos de 1992 año en el que se inauguró. Una zona del hospital era
utilizado como almacén y a medida que se realizaban los trabajos de
acondicionamiento y nueva cimentación iban surgiendo nuevas sorpresas que daba
el terrero… Su valor desde el punto de vista arqueológico era muy importante
pero en aquellos años esto no se tuvo en cuenta y se destruyeron varias fosas
comunes o “carneros” donde se descubrieron multitud de restos humanos apiñados a
varios metros de profundidad. Las palas excavadoras los retiraron y según
cuentan “se llevaron todos a un osario”. También se descubrieron restos de
orfebrería romana y vasijas, todos ellos junto a la calle Don Fabrique por donde
pasaba un brazo del río y estos lugares eran un importante centro en la
fabricación de estos útiles domésticos… todo fue destruido.

En la rehabilitación actual se incluyó un plan arqueológico que ha hecho que se
estudie todo: en el primer patio que da a la citada calle se hallaron ocho
cadáveres (siete mujeres y un niño) del siglo XVII, el estudio anatomopatológico
fue muy interesante y demuestra que se trataban de enfermos que acudieron al
hospital, así como restos de los alfares romanos y hornos.

Sor Úrsula lleva habitando el hospital casi tres siglos, no ha olvidado su
trabajo ni sus obligaciones y actualmente no es demasiado complicado que cuando
más calma hay en el edificio se puedan oír pisadas y cierres de puertas
provocada por la hacendosa monja preocupada por su ya espectral ocupación…
Quejidos, lamentos y sonidos de llaves son acompañantes habituales de los
miembros de seguridad que entre respeto y temor continúan haciendo su labor en
un edificio del Parlamento Andaluz que tiene una larga historia y su propio
fantasma.

La Profesora Naina
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